"REFLEXIONES SOBRE EL PROPÓSITO Y DESAFÍOS DE LA EVALUACIÓN EN EDUCACIÓN FÍSICA"
¿CUÁL ES REALMENTE EL
OBJETIVO DE LA EVALUACIÓN?
Tiempo estimado de
lectura: 12 minutos
En el mundo de
la educación, la evaluación desempeña un papel crucial en la comprensión del
progreso de los estudiantes y en la mejora continua de la enseñanza. Sin
embargo, en el ámbito específico de la Educación Física surgen desafíos y
preguntas fundamentales sobre el propósito y la efectividad de este proceso.
En mi opinión,
basada – como no – en los artículos y libros de numerosos autores (Blázquez,
Pérez-Pueyo, Hortigüela- Alcalá, Fernández-Río, Morales y Fernández, López-Pastor,
Sanmartí, etc.), la finalidad de la evaluación consiste en proporcionar
información clara y precisa al alumnado sobre los aprendizajes que pretendemos
lograr como equipo (alumnado, profesorado y familias) a través del uso de
diversas técnicas de evaluación y el diseño de instrumentos de evaluación. Para
ello, es preciso elaborar tareas con niveles de dificultad ajustadas a las
diferentes necesidades del alumnado (Fernández-Río y Sáez-González, 2023), así
como la de ofrecerles, de manera progresiva y coherente, cotas de
responsabilidad que les permitan participar en la evaluación.
El uso del feedback efectivo, cualitativo y
orientado hacia la tarea es uno de los elementos más poderosos y de eficacia
demostrada en los procesos de enseñanza-aprendizaje (Morales y Fernández, 2022,
p. 112). Este permite regular y guiar la consecución de los objetivos planteados,
brindando las oportunidades de mejora que sean pertinentes para alcanzar los
diferentes niveles de logro establecidos. En otras palabras, lograr el mayor
grado de aprendizaje posible en cada uno de los estudiantes.
Sin embargo, parece
ser que en el área de Educación Física no
existe un consenso claro sobre cuál debe ser el objetivo de la evaluación (Hortigüela-Alcalá
et al., 2021). Y no es de extrañar: el proceso de evaluación es uno de los
elementos de mayor complejidad de la enseñanza. De hecho, hace un par de
semanas tuve la ocasión de impartir dos clases teóricas y una práctica a tres
grupos del 3º curso de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el
Deporte sobre las técnicas e instrumentos de evaluación. En el blog que el
profesor titular dispone para plantear diversas cuestiones, estas fueron
algunas de las respuestas que proporcionaron algunos estudiantes:
- “Vemos que los procesos de evaluación a llevar a cabo son más complejos de lo que parecen”.
- “En cuanto a lo comentado por mis compañeros, estoy de acuerdo en que estas charlas de profesionales como la que hemos recibido de Antonio Iván deberían de darse en cursos anteriores también. Estamos a un año de dar muchos de nosotros prácticas en institutos y cosas como es evaluar al alumnado no lo teníamos claro.”
- “En relación a la segunda pregunta que nos propone, pienso que es algo esencial de cara a la formación de los futuros docentes, viendo ésta asignatura esencial para ellos. Además, del gran desconocimiento (en el tercer curso del grado) que tenemos acerca de las diferentes técnicas e instrumentos del que disponemos para realizar la evaluación.”
Estos comentarios están en consonancia con el estudio
de Hortigüela-Alcalá et al. (2021), “Do we really
assess learning in Physical Education? Teacher’s perceptions at different
educational stages” que abordaremos seguidamente, ya
que en el mismo también participaron futuros docentes que señalaron lo
siguiente: “Los futuros docentes de Educación Física consideraron que realizar
una evaluación adecuada era el elemento más complejo de la enseñanza”.
Siguiendo a Blázquez-Sánchez (2017), estas son
algunas de las cuestiones que esgrimen diferentes docentes de EF sobre la
evaluación:
- La calificación me supone un momento complicado. No tengo seguridad de que mis criterios elegidos sean los más adecuados, ni que me ofrezcan bases sólidas para emitir un juicio correcto de mis alumnos… ¡La mayoría de las veces me dejo llevar más por mi intuición personal que por datos objetivos y rigurosos!
- ¡Me resulta difícil evaluar determinados aspectos de la Educación Física, tales como la mejora de las actitudes o el desempeño de las competencias!
- Quisiera personalizar más los criterios de evaluación; ¡considerar más las características y las diferencias individuales, sin crear desconfianzas en el alumnado sobre mi modo de evaluar!
- ¡Muchos de mis alumnos demuestran muy buena actitud hacia la asignatura, pero su rendimiento físico no está en consonancia con su esfuerzo!, ¿Cómo debo tener presente estos aspectos a la hora de la evaluación?, ¿Qué peligro corro de dar más importancia a las actitudes que a los aprendizajes tales como habilidades y/o capacidades motrices?
- A veces pienso que lo que han mejorado mis alumnos no se debe tanto a mi labor como a su propio desarrollo personal; ¡o incluso a lo que aprende fuera de la escuela!, ¿Para qué evaluar?
- Delante de los padres y/o de otros profesores me encuentro sin argumentos sólidos sobre los que fundamentar los referentes utilizados para otorgar calificaciones a los alumnos. ¡Me encuentro sin defensa cuando se me piden datos y criterios ante los casos conflictivos!
- No estoy convencido de que se haya de calificar en Educación Física. Me resulta difícil creer que esta asignatura deba someterse a las mismas normativas que otras materias.
Estoy convencido de que, incluido el que escribe estas palabras, el lector o lectora docente de EF se habrá hecho algunas de estas preguntas en algún momento de su trayectoria profesional, especialmente en los inicios. Ahora bien, en esta entrada nos centraremos en cuál debería ser el objetivo de la evaluación en Educación Física. En este sentido, existen diferentes puntos de vista que varían en función de la etapa educativa, como veremos a continuación.
En el estudio realizado
por Hortigüela-Alcalá et al. (2021) con 21 docentes experimentados de las
etapas de Primaria, Secundaria y Universidad mostraron los siguientes
resultados: en Educación Primaria, la evaluación está basada en el juego e
integrada en el marco pedagógico, aunque no se ve necesario hacer partícipe a
los estudiantes en el proceso de evaluación. La evaluación en Secundaria se
centra en el rendimiento físico mediante pruebas de condición física y
deportivas. Además, los docentes confundieron
evaluación con calificación, manifestando además que dicho proceso es de
exclusividad para el profesorado. Los docentes universitarios vincularon la
evaluación con el aprendizaje, resaltando la necesidad de ser transparentes
para ayudar a los estudiantes a comprender lo que han aprendido. A este último
respecto, sin invalidar la praxis de los docentes entrevistados, dejaré
entrever en base a mi experiencia universitaria y como crítica constructiva,
que del dicho (teoría) al hecho (práctica real) hay un trecho.
Más allá de
unos puntos de vista u otros, y si esa visión es extrapolable a todos los
docentes de dichas etapas, sería conveniente analizar las causas que hacen que
cada docente tenga una manera de evaluar, incluyendo la concepción errónea de
confundir la evaluación como sinónimo de calificación. En primer lugar, las
experiencias previas son un factor que condicionan la conducta evaluadora. Por
norma general, si la formación sobre evaluación de los futuros docentes no ha
sido la adecuada, se tiende a reproducir lo que hicieron con estos en el
pasado, ya sea para bien o para mal. En segundo lugar, la formación de los futuros maestros y maestras de grado de Educación
Primaria con mención de Educación Física es insuficiente. Aquí el problema
no es tanto del profesorado, sino del escaso tiempo del que disponen para
profundizar sobre la evaluación. De hecho, en la lectura de numerosos artículos
del ámbito de la Educación Física hay un denominador común: la falta de
formación y experiencias prácticas reales en el patio, y no solo en aspectos
evaluativos, sino en otros relacionados con la implementación de los modelos
pedagógicos y la planificación, por mencionar los más prominentes. En tercer
lugar, y en consonancia con la falta de formación, la imperiosa necesidad de
tener a un docente experimentado que supervise a pie de pista los elementos
mencionados en un periodo de tiempo justo y razonable.
Sin ir más
lejos, siguiendo el estudio mencionado que se basa en numerosas investigaciones
recientes, demuestra que la implementación de la autoevaluación y la evaluación
por pares es uno de los principales problemas que enfrentan los futuros
profesores de Educación Física, sugiriendo
el uso de mentores para ayudarlos. Y como bien sabemos, por desgracia, esta situación suele brillar por su ausencia.
Un estudio que
muestra la complejidad de implementar la autoevaluación en el primer ciclo de
Primaria lo podemos encontrar en el realizado por López-Pastor
et al. (2005), el cual abordamos en esta entrada del blog.
LA EVALUACIÓN FORMATIVA Y
COMPARTIDA (EFyC) COMO MOTOR DE CAMBIO.
A
sabiendas de las dificultades señaladas, es de recibo destacar el impacto que
tiene la evaluación formativa y compartida (EFyC) en los procesos de
enseñanza-aprendizaje. Según Barba-Martín y Hortigüela-Alcalá (2022), apoyados
a su vez por un nutrido
número de investigaciones, demuestran cómo la EFyC, es decir, el hecho de implicar
al alumnado en los procesos de evaluación, genera una serie de beneficios para
el aprendizaje tales como:
- Mejor comprensión de contenidos.
- Adquisición de mayor autorregulación (Rodríguez-Gómez et al., 2011).
- Sentimiento de competencia autónoma (Leenknecht et al., 2020).
- Aumento de la motivación (Andrade y Du, 2007).
- Incremento de implicación y responsabilidad (Hortigüela-Alcalá et al., 2015).
- Fomento de una reflexión crítica.
Del mismo modo,
su puesta en marcha no está exenta de dificultad. Entre los principales
inconvenientes destacan los siguientes (Pascual Arias et al., 2022):
- Requiere un cambio de mentalidad en todos los implicados del proceso.
- Existe un aumento en la carga de trabajo, tanto para el alumnado como para el profesorado.
- Existe cierto riesgo en la autoevaluación del alumnado al sobrevalorarse o infravalorarse, riesgo que se va solventando con la reflexión.
- Es necesario ser consecuente con las decisiones que se toman.
Siguiendo a
Carrillo-López y Hortigüela-Alcalá (2023), estos serían los principales errores
en los que suelen incurrir los docentes a la hora de implementar la EFyC:
I) Confusión de la evaluación con la
calificación:
Los docentes
tienden a:
- Centrarse únicamente en asignar una calificación numérica.
- No considerar otros aspectos del aprendizaje más allá de la calificación final.
II) Falta de transparencia y
delimitación de los criterios de evaluación de antemano:
Los docentes
pueden:
- No comunicar claramente los criterios de evaluación.
- No establecer expectativas claras sobre qué se espera de los estudiantes.
III) No implicar al alumnado en los
procesos evaluativos:
Los docentes
suelen:
- No involucrar a los estudiantes en el proceso de evaluación.
- No dar oportunidades para que los estudiantes para evaluar su propio trabajo (autoevaluación) o el de sus compañeros (coevaluación).
Comparto este
cuadro de los distintos tipos de autoevaluación y coevaluación extraídas en
conversaciones con el profesor David Hortigüela-Alcalá:
IV) No utilizar la evaluación como una
herramienta puramente pedagógica:
Los docentes
pueden:
- No utilizar los resultados de la evaluación para informar y mejorar la enseñanza.
- No utilizar la retroalimentación para guiar el aprendizaje de los estudiantes.
En este
sentido, la evaluación debe ser un
proceso objetivo que involucre activamente al estudiante. Permitir que el
estudiante participe en el proceso evaluativo y gestione sus tiempos en la
realización de las tareas puede hacer que el aprendizaje sea más memorable y significativo
(Hortigüela-Alcalá et al., 2022).
MECANISMOS
Y PRÁCTICAS PARA LOGRAR LA INCLUSIÓN DEL ALUMNADO EN EL PROCESO DE EFyC.
Tomando como referencia el estudio de Barba-Martín y Hortigüela-Alcalá (2022),
basado en las publicaciones de revistas científicas y actas de Congresos revisadas por
pares ciegos realizado por investigadores de la Red de Evaluación Formativa y
Compartida en Educación con más de quince años de experiencia, se seleccionan
una variedad de mecanismos innovadores que puedan utilizarse de forma
complementaria durante todo el proceso de evaluación formativa y compartida
para involucrar al alumnado en el mismo (Cuadro 1):
Cuadro 1.
Principales mecanismos durante un proceso completo de
evaluación compartida. Nivel de autonomía: 1(baja); 2 (media); 3 (alta).
(Barba-Martín y Hortigüela-Alcalá, 2022).
Bajo el enfoque de evaluación formativa y compartida, se
abren multitud de posibilidades para crear entornos de aprendizaje
significativos. Enriquecer los procesos de evaluación con autoevaluaciones,
coevaluaciones, heteroevaluaciones y diálogo constante con feedback efectivo
orientado a la tarea, puede facilitar una transición natural y aceptada hacia
la calificación. De esta forma, se evitarían situaciones plúmbeas o desajustes
de último momento, promoviendo así coherencia y sentido en el proceso. Por lo tanto,
la planificación educativa debe estar
íntimamente ligada a la evaluación desde el inicio, integrando los objetivos,
contenidos, metodologías y actividades en la misma, con la finalidad de
entrenar y hacer partícipe activo al alumnado en su propio proceso de
aprendizaje (Barba-Martín y
Hortigüela-Alcalá, 2022).
DIFERENCIAS EN LA EVALUACIÓN DE
EDUCACIÓN FÍSICA RESPECTO A OTRAS ASIGNATURAS
En el
libro de Domingo Blázquez (2017), “Cómo evaluar bien en Educación Física”, se
muestran las principales diferencias que anidan en el área de EF en relación a
otras asignaturas a la hora de llevar a cabo los procesos de evaluación.
En primer lugar, el carácter lúdico
y agonístico de la actividad física y el deporte influye en que los objetivos
se centren principalmente en el gusto y la satisfacción por la práctica, en
contraste con la búsqueda de aprendizaje utilitario para futuras profesiones,
una dinámica menos común en otras asignaturas. La inclusión de juegos y
actividades recreativas y competitivas como contenido de enseñanza suscita
interrogantes sobre su evaluación, ya que algunos se preguntan si deberían
evaluarse al considerarse recreativos.
En segundo lugar, es crucial
considerar la falta de un contenido estable y uniforme en la Educación Física,
a diferencia de asignaturas más convencionales como matemáticas o lengua.
Aunque la actividad física es cultural, su carácter de práctica beneficiosa
para la salud y estilos de vida activos justifica la Educación Física más por
su utilidad social que por la consecución de logros físico-deportivos mínimos.
Esto plantea desafíos en la evaluación, generando preguntas sobre la
posibilidad de normalizar y estandarizar niveles y criterios.
En tercer lugar, la Educación Física se imparte de manera
sustancialmente diferente según las características del entorno, lo que
puede resultar en situaciones diversas, desde niños y niñas que nunca reciben
clases de EF en zonas reprimidas hasta la sustitución de esta asignatura por
prácticas deportivas específicas, como la natación, o su resolución mediante
ofertas polideportivas de clubes cercanos (pseudo privatización).
Un cuarto aspecto se deriva del
carácter funcional de esta asignatura y la estrecha relación entre motricidad y
desarrollo evolutivo. Esto desafía la atribución de avances únicamente a la
acción docente, ya que muchos progresos, especialmente relacionados con la
condición física pueden deberse al crecimiento y desarrollo del alumnado. La Educación Física se orienta hacia el
logro de un desarrollo físico armónico más que hacia la enseñanza de
habilidades motrices concretas, generando interrogantes sobre cómo evaluar
la condición física en función de capacidades en evolución.
Una quinta consideración se refiere
a las condiciones de desarrollo y evaluación de la asignatura, donde el
excesivo número de alumnos, el tiempo limitado, la necesidad de instrumentos y
condiciones específicas, y la imposibilidad de evaluar de manera masiva, restan
eficacia a la evaluación, dejando a las docentes cuestionando la utilidad de
evaluar en condiciones tan limitadas de tiempo.
El sexto y último apunte, la
Educación Física, al no ser una asignatura convencional de aula, presenta un
carácter visible, donde los progresos y manifestaciones son palpables tanto
para el profesorado como para el alumnado. La visibilidad inmediata de la
motricidad brinda una información instantánea para una acción reguladora
magnífica. Sin embargo, esto requiere que el profesorado sea sumamente
cuidadoso con sus juicios de valor, ya que el
cuerpo y la motricidad son aspectos visibles constantes en la vida de los
estudiantes.
Mapa conceptual con el resumen de las
ideas expuestas por Blázquez (2017)
Como podemos observar, son
importantes los desafíos que tenemos por delante para asentar unos criterios
mínimamente estables sobre los cuáles concretar qué objetivos debería presentar
el proceso de evaluación en el área de Educación Física. Es cierto que todo
cambio conlleva su tiempo, y que de forma progresiva se van aportando más
estudios y evidencias del papel fundamental que tiene la EFyC en la formación
integral de los estudiantes y en la mejora de nuestra praxis docente. Una
responsabilidad compartida, que nace de la individualidad hacia la
colectividad, concierne a todas las personas que nos dedicamos a esta
maravillosa asignatura y de la que saldrán beneficiados el alumnado, las
familias, el profesorado y, como no, la sociedad en su conjunto.
Muchísimas
gracias por su atención.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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